martes, 15 de junio de 2010

DE LA CALLE HASTA HARVARD


Liz Murray creció en el Bronx, ciudad de Nueva York. A veces, sus padres que eran adictos a las drogas, vendían artículos de su hogar para obtener las dosis. Cuando era niña, Liz odiaba la escuela porque el hecho de ir era un sufrimiento: no había nadie que se asegurara de que se duchaba o que se levantaba a tiempo. Cuando Liz fue más grande, sus padres perdieron el departamento, y su padre terminó en centros de acogida. Durante un tiempo a Liz la ubicaron en un hogar social. Su madre, que sufría de SIDA, empeoró cada vez más y fue hospitalizada. En vez de sucumbir a la deshumanización y la tristeza que habían caracterizado su experiencia en cuidado temporal, Liz eligió valerse por sí misma. Liz durmió en sofás de amigos o en el piso en horas extrañas, acampó al aire libre o anduvo en subterráneo toda la noche.
Después de la muerte de su madre, Liz, con 16 años, sintió ese evento como "una bofetada" que le hizo preguntarse a dónde estaba yendo su vida. Con una educación de octavo grado, Liz decidió que, como ella decía: "La vida recompensa la acción. Iba a salir de allí y... tener acción en mi vida todos los días en lugar de esta conducta estancada que había estado llevando durante tanto tiempo".
Liz fue admitida en una escuela preparatoria alternativa, la Academia Preparatoria de Humanidades, donde duplicó su carga horaria de clases y completó la escuela preparatoria en sólo dos años. Liz, una de las diez mejores alumnas de la escuela, fue a Boston en un viaje patrocinado por la escuela y caminó por el campus de Harvard. "No es como que hubiera tenido una especie de epifanía en ese momento... Fue algo más que me hizo poner celosa de cómo esos estudiantes tenían tantas oportunidades y yo había tenido tan pocas. Y después pensé: Bien, ¿cuál es la diferencia entre cualquier persona de aquí y yo? Y llené todos los vacíos."
Sus notas calificaron a Liz para la beca universitaria del New York Times; se presentó y fue admitida en Harvard. Pero lejos de descansar en esos considerables laureles, Liz continuó conquistando nuevos terrenos. Como miembro del Washington Speakers’ Bureau, Liz se dio cuenta de que tenía "una habilidad para" compartir su historia y su visión con público de todo el país. Liz también es una ferviente escritora cuyas memorias, “Breaking Night,” fueron publicadas en 2005.

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